
Hay ancianos que están bien, pero por lo general los del geriátrico están bastante pachuchos. El viernes muchos familiares aprovechan para ver a sus mayores y se forma bastante alboroto.
Entre el ajetreo de las curas, las meriendas y las sillas de ruedas noto que alguien me tira de la manga. Detrás de mí hay una viejecita muy pequeña y muy delgada sentada en una silla. Me agacho y la pregunto:
- ¿Que desea?
- Dile… Dile a alguien que estoy aquí.
Breve pero muy conciso...hace pensar
ResponderEliminarLa invisibilidad del cuerpo casi inerte, contrastada con un alma vitalicia, evidentemente con sentimientos que, aunque esperan sentados, sienten.
ResponderEliminarmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm impresionante...
ResponderEliminarlamentablemente es así, lo has descrito con pocas palabras pero sin dejarte nada, Genial Carlos.
ResponderEliminarSara.