domingo, 28 de febrero de 2010

El juego en que andamos













Decía Oscar Wilde, "yo puedo resistir todo menos la tentación".
A veces es mejor guiarse por la intuición, hacer caso a los sentidos y no a las señales.
Si me dieran opción tropezaría con la misma piedra. Ya canté que tan sólo me arrepiento de los errores que no pude cometer.
Pero ahora dudo si de verdad es un error. Más bien son experiencias, sabiduría que nos da lo vivido. Por tanto no ocupa lugar.
Asumo el riesgo y a oscuras abro puertas. Con la luz del día ya veremos lo que hacemos.

jueves, 18 de febrero de 2010

18 - II - 10




- Oye ... si pudieses elegir, ¿te quedarías con alguien perfecto?



- No...

...la perfección es aburrida.

miércoles, 10 de febrero de 2010










Yo diré que no. No es posible.
Avisé con tiempo de que no había que mezclar los sentimientos. La razón es no herir al corazón, aunque el corazón pocas veces escucha a la razón. En ocasiones es inevitable estrellarse contra el muro. A pesar de saber su embuste, es lo que esperas escuchar. Mentiras piadosas, medias verdades que sellan el tratado del no-amor, de la pasión sin fuego, de besos contados, de fecha de caducidad.
El tiempo dará confianza, la confianza llevará al roce, y el roce al cariño. Será fácil imaginar un futuro, y puede que yo esté en él, y tu a mi lado, y los dos envejeciendo con niños corriendo por el jardín. Entonces quizá te aferres a esa pequeña esperanza. Esa que nace cuando se agrieta el muro y acercamos la distancia, riendo y sonriendo, juntando las manos, con besos de más, y abrazos largos y cómodos, cuando te beso el cuello por detrás, o tú buscas almohada en mi pecho.
Nos volveremos creyentes, creeremos que es amor, y tal vez lo sea. Pero no está estipulado en el contrato. Infringimos unas leyes que nosotros mismos hemos marcado, y hará que nos sintamos mal. Y cuando nos demos cuenta de lo idiotas que hemos sido, habrá que romper.
Entonces nada importará, ni los días juntos, ni las noches aún más juntos. El recuerdo de todo lo bueno, la risa, el secreto, los besos…
Todo estallará en ese momento.
Yo diré que no, que no es posible. O lo dirás tú.
Lo esperábamos. Aún así es difícil aceptarlo.
Por dentro oiremos como el corazón grita; maldice, y escupe sobre las cenizas de la razón, sin querer entender que somos culpables e inocentes al mismo tiempo. Marionetas de nuestro propio juego. Entonces bajaremos la cabeza y asentiremos en silencio, rencorosamente comprensivos, llevándonos nuestro futuro imaginado, nuestras creencias, nuestra esperanza, nuestro amor.