Por las noches, de niño, él solía esconder el walkman bajo la almohada. Cuando notaba que todos dormían, a oscuras escuchaba su canción.
Nunca supo de quién era, o cómo se llamaba. La sacó de una vieja cinta regrabada que guardaba su padre en la biblioteca.
Él la escuchaba y la volvía a escuchar hasta quedarse dormido. Apenas llegaba a entender su significado, pero daba igual, le había atrapado.
Nunca supo de quién era, o cómo se llamaba. La sacó de una vieja cinta regrabada que guardaba su padre en la biblioteca.
Él la escuchaba y la volvía a escuchar hasta quedarse dormido. Apenas llegaba a entender su significado, pero daba igual, le había atrapado.
Llovieron primaveras, caminó su tiempo alejándose de la infancia, y la cinta se perdió. Años hace de eso.
Oyó mucha música después. Toda la que se puede escuchar en una vida. Y de vez en cuando el eco de alguna melodía le llevaba al pasado. Otros acordes, otras palabras.
Nunca volvió a escuchar su canción. Tampoco la buscó. No sabría distinguirla. Tanto intentó recordarla que ahora era otra, ahora eran todas.
Ahora formaba parte de él.














